DÍA INTERNACIONAL DE LA NIÑA

octubre 22, 2025

El 19 de diciembre de 2011, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Resolución 66/170 para declarar el 11 de octubre como Día Internacional de la Niña y reconocer los derechos de las mismas y los desafíos únicos a los que enfrentan en todo el mundo, así como promover su empoderamiento y el cumplimiento de sus derechos humanos. El antecedente próximo anterior que reconoce sus derechos es la Declaración y Plataforma de Beijing de 1995, y antes, la Convención sobre los Derechos del Niño, aunque no es específica solo para las niñas, pero sí las reconoce y promueve.

Lamentablemente, esta importante fecha aún no tiene la amplia difusión que merece, y todavía no tiene la resonancia de otros reconocimientos o celebraciones cívicas. Las niñas y las adolescentes mujeres mantienen normalizada la desatención de los funcionarios, autoridades y responsables de la ejecución de las políticas públicas que linda con el olvido, la indiferencia y la escasa visibilidad de las afectaciones a sus derechos y del gran potencial que significan para el país.

Una de las manifestaciones que evidencia la precariedad de la situación de casi el 40% de las niñas y mujeres adolescentes del país, es la pobreza en la que conviven con sus familias. Como lo evidencian las cifras oficiales de medición de la pobreza por el INEI, los más pobres del país, son los niños, las niñas y los adolescentes, son los que más abundan en esta situación que se repite año tras año, evidenciando que su vida y el potencial de desarrollo del país tienen muchos retos que superar para elevar su calidad de vida y mejorar las deterioradas condiciones para su desarrollo físico, mental y emocional, que son condiciones propias de la población en situación de pobreza.

Cuando en un país la pobreza se mantiene permanente, ininterrumpida, de tal forma que hace poco viable los saltos intergeneracionales de salida de esta condición, se van fortaleciendo las diferencias sociales y se van consolidando los niveles de desigualdad, lo que va generando condiciones para la conflictividad, la desunión y hasta cierta sensación de anomia social. La desigualdad entre peruanos es la evidencia de años de relegación, exclusión, marginación, desatenciones, de desenfoque de la política y de los recursos del Estado.

Una niña pobre, campesina o de poblaciones indígenas, de ámbitos rurales, o afrodescendientes, tiene reducidas opciones de desarrollo personal, social, laboral, respecto a otras niñas del Perú con características distintas. Incluso frente a niños de sus propias características. La marca de la diferencia aún está en el sexo, el anclaje que impide su evolución se mantiene por su condición de mujer.

Aun cuando ha mejorado su participación con mayor presencia en las cifras de matrículas escolares y universitarias, las niñas y adolescentes mujeres todavía se mantienen afectadas por las trabas propias de atavismos como el adulto centrismo o el machismo. Las niñas dedican más horas de su vida a tareas de cuidados en comparación con los niños y otros integrantes del hogar. Todavía se mantienen insuperables diferencias que hacen más lento, difícil y muchas veces inalcanzable su progreso y bienestar personal.

El apoyo de parte del Estado a las niñas y adolescentes mujeres es poco significativo en términos presupuestales. La revisión del gasto público del presente año y del año pasado, en los tres sectores básicos o prioritarios para atender sus principales necesidades (a la vez, obligaciones del Estado): Salud, Educación y Protección, evidencian la escasez de recursos que se les destina.

En el caso de la salud, para el presente año 2025, la revisión del Programa Presupuestal 1002: Productos específicos para la reducción de la violencia contra la mujer, se asignan recursos para los niños, niñas y adolescentes víctimas directas e indirectas de maltrato infantil y violencia sexual para que reciban tratamiento cognitivo-conductuales adecuados por un monto de S/. 10´923,712 soles para todo el año, frente a los S/. 11´706,469 soles del año 2024. Según el propio Ministerio de la Mujer el pasado año 2024, los Centros de Emergencia Mujer registraron 63,489 casos de atención de todo tipo de violencia contra niñas, niños y adolescentes a nivel nacional[1].

Para el mismo Programa Presupuestal, el Ministerio de la Mujer asignó el presente año, para atender a las mujeres adolescentes participando en servicios que incrementen su autonomía económica y desarrolle competencias para prevenir la violencia, la suma de S/. 6´883,857 soles hasta fines del mes de setiembre. El Sector Educación asignó también para el mismo Programa Presupuestal S/. 3´062,387 soles para el presente año.

Como se puede ver, los tres sectores más relacionados con la protección contra la violencia de las niñas y las mujeres adolescentes, apenas han asignado un poco más de 20 millones de soles para el presente año, cifra insignificante por ejemplo si se la compara con las millonarias asignaciones del Congreso de la República en actividades de representación (182 millones de soles).

El sector salud también ha asignado para el presente año, recursos para que las adolescentes accedan a servicios de salud para la prevención del embarazo por un monto de S/. 14´008,821 soles, cifra que supera lo asignado el pasado (S/. 12´692,393 soles), así como un incremento importante para atender preventivamente la anemia y otras deficiencias nutricionales de los adolescentes.

Por lo expuesto, la atención prioritaria de los derechos de las niñas del país por parte del Estado, todavía está pendiente. Como se ha señalado, su elevada participación en los niveles de pobreza; la persistente desigualdad social y económica que retrasa e impide los cambios intergeneracionales, así como la escasa atención y de la calidad de los servicios del Estado (que se refleja en las reducidas asignaciones presupuestales), evidencian sus difíciles condiciones de vida. El valioso potencial como recurso humano que significa la niñez y las niñas en particular, requieren de una inmediata priorización en la agenda del gobierno, para elevar la calidad su vida y las fortalezas que el país requiere como sustento para cambios en las capacidades productivas para el desarrollo.


[1] https://comunicaciones.congreso.gob.pe/noticias/a-nivel-nacional-se-han-registrado-22788-casos-de-violencia-sexual-a-ninos-ninas-y-adolescentes/